Dame un Infierno Estacional: Otoño
Bienvenidos a todos los lectores a una nueva historia ^^. Desde ahora, y en las próximas 19 entradas siguientes, leeremos "DuI: Otoño". Esta historia es la versión de Gabriel. El comienzo, ya lo verán...¿el final?...pues no lo sabemos (yo tampoco, hoy terminé recién el capítulo 6 xDDD). Pero os prometo algo. Se hará justicia al "joven de ojos grises".
Así que sin más, y agradecerles a todos los que siguieron la anterior historia, solo desearles que la disfruten ^^.
Y, advertencia...tenemos "DuI" para rato ^^ (porque hasta habrá precuela, "Antes del Cielo", la historia de Christo, Jean Baptiste y Mathilde ^^)
Ahora...a leer!!!
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Han pasado dos semanas desde que Dêmian se fue. Las cosas no son como antes. La vida en esta casa es asfixiante, vacía. Nadie es lo que era, antes de la marcha de mi hermano. Mi hermano…sí, no lo es. Pero no puedo dejar de pensar en él como mi hermano. No puedo dejar de sentirlo como tal. Aunque haya hecho todas esas cosas, siempre veló por nosotros. Siempre estuvo preocupado de nuestro bienestar. Y no tenía porqué. Su verdad era errónea, pero le indicaba que no tenía que siquiera mirarnos como hermanos. Y si lo hizo. Jamás lo negó.
-Gabriel…
Ahí estaba. Apoyada en el marco de la puerta, de brazos cruzados. Sus ojos denotan ese perdón que no quiso dar antes de que él se marchara. Ahí está mi bella Leonor.
-¿Qué?
-Vamos a comer…
-No tengo hambre.
No quiero verla. Es más interesante el libro que tengo en las manos. En dos días tendré un examen y es de suma importancia que pase ese ramo. No quiero esperar más. Quiero tener ya mi título de doctor. Y no voy a distraerme con nada. Dêmian volverá y alguien tiene que encargarse de su problema. Yo soy el único que tendrá el coraje para hacerlo. Él esperaría que lo tuviese. No puedo decepcionarlo. No puedo decepcionarme a mí.
-No haz comido nada desde ayer. Debes alimentarte.
No le hables. Simplemente concéntrate en el libro. No alces la vista, siquiera hagas el intento de mover la cabeza. Las conexiones neuronales son más importantes en este momento. No debes distraerte con nada.
-¿No me hablarás?...Gabriel, lo que pasó fue una locura, pero…
-Vete.
-¡Gabriel!, somos hermanos. A pesar de todo, seguimos siendo hermanos. No cambiará nada. Debemos permanecer unidos y…
-Leonor. Entiende que esa vez no fue mi lujuria la que te poseyó, sino mi amor. Me enamoré de ti, pero somos hermanos, como tú misma haz dicho. Además, amas a Dêmian, aunque no quieras aceptarlo. Ahora déjame. Mientras más lejos esté de ti, mejor. Quiero estudiar y no tengo hambre.
Me mira. Sé que lo hace. Porque siento esa mirada penetrante en mi cabeza, en mis manos, en mi ser entero. También sé que llora. Su silencio pausado sólo existe cuando ella está llorando. Pero nada puedo hacer. La amo. La amo como nunca amaré a mujer alguna. Y no repetiré el error de Christo y Mathilde. No condenaré a otro ser, como ellos condenaron a Dêmian.
El sonido de la puerta cerrada solo obtuvo de mí un suspiro de alivio. Las cosas son mucho más difíciles cuando uno las piensa. Pero no se puede hacer nada. Más que mal, la locura de esta familia no me pertenece. Soy un Luthier por el amor que Christo le tenía a mi madre…pero no porque lleve su sangre. Quiero renegar de todo eso. Quiero marcharme lejos…Dêmian…por eso te fuiste. Porque tampoco soportas la verdad. Porque huyes de tu realidad. Porque si todo es intolerable para nosotros, para ti lo es más. No cometiste ningún error. Simplemente hiciste lo que tu sangre hace. Debes perdonarte, hermano. Debes hacerlo, o la locura te consumirá el alma. O perderás tu vida misma en todo lo que es el acaecer de la realidad. O te volverás en la basura que me estoy volviendo yo…
Ya es de noche. Una caminata por el jardín parecía buena idea desde la ventana de mi cuarto. No conté con el factor “muletas” o “costilla rota”. Sé que tengo que tener reposo. El doctor Hopskin fue claro. Pero es tan difícil estar quieto cuando sabes que tu hermano está allá, lejos…quizás en qué lugares. Te conozco, Dêmian. Sé que ahora no te llamas así. O tal vez sí, pero no tienes tu apellido. Debes haber renegado hasta de tus ojos…pero…lo sé…es imposible. Sacarse a Leonor de la cabeza es imposible. Y pensar que a ti, que no eres su hermano, te podría amar…y no te ha querido perdonar…es una testaruda, como Amaris. Eso debe haber sido herencia de nuestra madre.
Una sombra…sé que no eres tú, Dêmian. Un mes lejos no es suficiente para calmar toda la ira que bulle dentro de ti. Pero entonces…¿Quién es?...¡ah! Mathilde. Ahí va la dolorosa Mathilde, a botar sus lágrimas, a lavar con ellas la lápida de Jean Baptiste. ¿Por qué le llorará tanto? La verdad sobre Isis y sobre Dêmian son justificables pero…desde que Dêmian se fue, todas las noches va al mausoleo, a llorarle a Jean Baptiste…¿y si lo hacía de antes?, ¿y si sólo me di cuenta cuando comencé a observarla, sin odiarla tanto?...no lo entiendo. Mathilde tuvo a su hermano. Christo la amó. Fue la vida, el destino el que los alejó. Pero se amaban…y si…no…¿acaso Mathilde hace mucho se dio cuenta que en realidad amaba a Jean Baptiste? Podría ser…ella no puede entrar a esta casa desde que murió él. ¿Habrá sido esa la venganza de Christo hacia su hermana, por haberse atrevido a matar a Isis?
-Gabriel…¿Qué haces acá tan tarde? Ve adentro, está haciendo frío.
Esos ojos verdes me llenaron de la paz que tanto necesitaba. Me acerqué dos pasos, pero él no me permitió más. Simplemente se acercó y pasó su brazo alrededor de mí.
-Vamos. No debes quedarte mucho acá. Y si te enfermas…hay alguien que sí le importa.
-Gracias…
Solo sonrió. Ithan tenía esa particularidad. Solía sonreír para todo. Tenía esa capacidad entre las personas que lo apreciaban. Si, era mayor que Amaris. Pero estoy seguro que nadie podrá cuidar mejor a mi hermana que él. La ama. La ama con todo. Con sus niñerías, con su testarudez, con sus explosiones de ira, con su dulzura…con su familia. No le importa cómo seamos. No le interesa si tenemos toda esta batalla en nuestro interior. Él siempre hará lo mejor para ella. Porque se muere si ella…
-Ithan…
-¿Qué?
-¿Cómo te enamoraste de Amaris?
-Tu hermana tiene una particularidad bastante especial. Ella es como una amazona dormida. Todos conocemos su fortaleza, su temple, su aguerrido espíritu. Todos, menos ella.
-¿No tienes celos?
-¿De quién?
-De nosotros. De Dêmian y de mí. Somos Luthier. Para nosotros es normal fijarnos en las hermanas.
-Primero, Dêmian ama a Leonor. Segundo, tú no eres Luthier sanguíneo. Tercero, jamás tocarías a Amaris. Y cuarto…no. No tengo ni tendré celos de ustedes jamás. Amaris es su hermana. Y siempre será eso. Ella será mi mujer. No hay punto de comparación.
-Realmente la amas…
-Sí…la amo tanto que estoy llevando a su estúpido hermano mayor a la casa a la una de la mañana, porque se le ocurrió dar un paseo.
Solo pude sonreír. Si me reía como Ithan quería que me riese, no lo disfrutaría. No podía. La culpa seguía corroyéndome, seguía sembrando sus dolorosas semillas en mi alma. No podía disfrutar de lo que era la vida en sí misma, del milagro de estar vivo…porque Dêmian era el eterno fantasma en mis pensamientos. Querer comprenderlo, entender su sentir, ayudarlo…no importaba las veces que nos moliéramos a golpes. No me importaba que me haya quebrado una costilla. Pudieron ser más. Pudo ser mi vida…pero lo vi…en sus ojos…como esa vez. Como sus ojos cambiaban, como algo desconocido se apoderaba de él. Y comprendí. Hace ocho años lo había entendido, pero ahora lo comprendía. Dêmian tenía un problema. Y…
Flash back
-¡Dêmian, reacciona!, ¡es Leonor, nuestra hermana!
-¡La tocaste!, ¡te acostaste con ella!, ¡te pedí que no lo hicieras, TE LO PEDI!!!
Dêmian se lanzó sobre Gabriel y hundió su puño en el costado de su hermano. La sangre en el rostro de Dêmian le daba un aire casi de desquiciado. Pronto se escuchó un pequeño ruido, como de algo rompiéndose. Dêmian miró a Gabriel y lo abrazó.
-Perdóname…te dije que no lo hicieras pero perdóname…
Fin flash back
Él lo sabía…sabía que Leonor y él no eran hermanos. Por eso se enfureció cuando la toqué. No fue porque había tocado a su mujer…sino porque me había acostado con mi hermana. Él…
-¿En qué piensas?
-¿Ah?
-Que en qué estás pensando…te quedaste muy callado y serio…si Amaris te ve así, se va a asustar.
-No…solo estaba recordando el momento en que Dêmian me rompió la costilla…
-Fue con mucha fuerza. Ya ha pasado un mes y aún tienes que usar muletas.
-Las uso de flojo, no porque las necesite.
-Si, y yo soy pésimo en el piano.
-Eres pésimo en el piano…
Ithan me miró con el ceño fruncido antes de comenzar a reír sonoramente. Sus carcajadas llamaron la atención de la silueta que llevaba ya mucho tiempo esperando en la entrada de la casa. No necesitaba luz para saber quién era. Amaris tenía un porte y un aura que hasta un ciego reconocería. Y eso era lo más hermoso de ella.
-¡Gabriel!, ¡te amarraré a la cama a la próxima que te vaya a ver y no estés!
-Amaris, no me retes…suficiente tengo con mi conciencia…
-Tranquila, cariño. Gabriel ya venía de vuelta cuando lo encontré. Ahora vamos a acostarnos.
-¿Y lo dejarás aquí?
-Sí…él dice que usa las muletas de flojo y que toco pésimo el piano.
Pronto sus voces no me llegaron. Las peleas de pareja de Ithan y Amaris siempre han sido un deleite. Ella, que quiere tomar un papel de mujer de veinte y picos y él, que vuelve a su adolescencia. Y menos se entienden. Solían causarme gracia pero ahora solo tengo mente para mis estudios y la voz de mi conciencia que no me deja en paz. Sin saber el veredicto, le quito las muletas a Ithan y comienzo a subir las escalas de la entrada. Sé que vienen tras de mí. Y no me gusta. Porque no puedo estar tranquilo. Ella se preocupa demasiado por mí. Él, solo quiere que vuelva a ser el chico que conoció en la escuela, cuando yo tenía 15 y él sólo era un estudiante de música. No…las cosas no pueden volver atrás. Las cosas deben cambiar, en algún momento. De alguna forma. No importa como. No importa cuando…
Dêmian…¿acaso así te sentías cuando eras el hermano mayor? Ahogado, atorado…solo…
miércoles 30 de septiembre de 2009
miércoles 19 de agosto de 2009
Muy bien. Se acabó esta novela. Antes que algunos me maten (sí, lo pensarán, lo sé) Ya estoy escribiendo la 2ª parte. Y, para los fanáticos de Gabriel, la primera visión de "DuI Estacionales" es "DuI: Otoño", la visión de Gabriel ^^. Por ahora, disfruten el último capítulo. Y espero sus críticas y demases.
Atentamente.
Alouette Camousseight Herrera (la loca de patio que se fumó algo raro y terminó escribiendo DuI xDD)
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Amaris se miraba en el espejo de manera inquisidora. Luego negaba con la cabeza y volteaba, para observarse de espaldas. Volvía a negar y volvía a cambiar de posición.
-Te ves hermosa, deja eso que me estás mareando.
La muchacha observó a Dêmian, que sonreía complaciente desde un rincón de la habitación, y le mostró su lengua, en un gesto completamente infantil. Luego volvió a mirarse en el espejo. Lucia un vestido de novia largo, con hermosos detalles en brillantes y un corsé que ajustaba su silueta de diosa. Una corona de esmeraldas engalanaba su cabeza y el velo estaba hacia atrás, esperando por cubrir el rostro de la joven. Ella se acercó más al espejo, para ver los detalles del maquillaje. Tonos perlados adornaban su rostro, mientras sus labios estaban finamente pintados con un color suave. Volvió a sonreír.
-Sí…creo que a Ithan le gustará…
-Sí no le gusta, te juro que lo descuartizo…
-Uff, que humor hermana…te hace mal ese estado.
Amaris sonrió y se agachó junto a Leonor, que estaba sentada en una cómoda silla. Tocó su vientre abultado y acercó los labios a aquél refugio del nuevo ser, que se cubría con las telas de un hermoso vestido en tono amarillo pastel.
-Hola pequeño…hoy debes portarte bien. No queremos que mamá se pierda el matrimonio de su hermana porque a ti se te ocurre hacer las patadas voladoras que te enseña papá…¿verdad?
Dêmian rió ante el comentario de Amaris y se acercó a Leonor. Besó sus labios con dulzura para luego volver a mirar a Amaris, que se colocaba unos zapatos de taco color blancos.
-Te ves hermosa. Parece que fue ayer que me enfrentaste de esa forma, cuando descubrí lo tuyo con Ithan…
-Y vaya forma de enfrentarte…fue la primera vez que me enojaba…
-Sacaste las garras, pequeña…
-¡Que no soy pequeña!
-Lo siento…pero aunque tengas 18 años y estés a punto de casarte, siempre serás mi pequeña.
Amaris hizo un mohín de enfado y Dêmian le celebró aquella gracia. La chica estaba a punto de lanzarle un zapato a su hermano, cuando Leonor se levantó con dificultad y miró a su hermana y a su marido.
-¿Y Gabriel?
-Está con Ithan. Mi flamante cuñado está que mata a alguien de los nervios.
Amaris rió con frescura mientras Dêmian hacía una parodia de Ithan. Leonor lo observó. Llevaba el cabello corto, ocultándole la cicatriz de la operación. En su dedo anular izquierdo había un anillo de oro blanco. Ella miró el suyo, del mismo material, y sonrió. Pronto cumplirían dos años de matrimonio y no podía ser más feliz.
Unos pequeños pasos distrajeron a Leonor. Miró y vio a Orión entrar en el cuarto, vistiendo un frack que lo hacía ver de una ternura incomparable. Se acercó a ella, extendiendo los brazos, mientras decía sonriente “mamá”. Pero Dêmian se acercó presuroso y lo tomó en sus brazos.
-¡Aquí está mi campeón! No debes molestar a mamá. Ella está aguantando los malos humores de tu hermanito, así que no hay que fastidiarla…¿no ves que toma venganza contra los pobres Luthier y nos deja sin postre?
El niño rió feliz ante las vueltas que su padre le daba. Leonor los miraba embelesada, así que no notó cuando Amaris llegó a su lado.
-¿Eres feliz?
-Lo soy…
-¿No te haz arrepentido aún de casarte con Dêmian?, mi hermano es complicado…
-Lo sé. No olvides que también fue mi hermano muchos años. Pero no, no estoy arrepentida. Después de su operación y de ser dado de alta de aquella infección, Dêmian cambió. Y me entregaron un ser lleno de dulzura, de amor, de comprensión. No te negaré que discutimos. Pero eso solo es una prueba de nuestro amor, puesto que somos lo suficientemente sensatos para no dejarnos llevar por iras del momento y hablar las cosas.
-¿Es difícil el matrimonio?
-Lo es…pero Ithan y tú han pasado muchas cosas. Y no dudo que, suceda lo que suceda, su amor les ayudará a romper las barreras que tácitamente les impone la edad.
-Ithan estaba preocupado por ello. ¿Crees que eso nos termine perjudicando?
-No…si Dêmian y yo pudimos concretar nuestro amor y formar la maravillosa familia que tenemos ahora…¿Por qué Ithan y tú no podrán? Mas que mal, lo suyo solo es la edad. Nosotros éramos, técnicamente, hermanos.
Amaris sonrió y continuó arreglándose, mientras Leonor se volvía a sentar en el sofá y Dêmian jugaba a hacer volar a Orión, que llenaba con risas todo el lugar.
En otra habitación, Ithan y Gabriel estaban cambiándose. Ithan se sacudía los cabellos y a cada instante se desarreglaba. Gabriel lo miraba y estallaba en carcajadas. Mathilde bufaba enojada y se acercaba a arreglar el pelo de Ithan como por décima vez.
-¡Vuelves a desordenarte, te juro que te raparé!
-Yo que tú, la escucho. Es una Luthier…y los Luthier somos de armas tomar…
-Me lo dices a mí…me casaré con una…
Ithan bajaba la cabeza, resignado, y dejaba que Mathilde lo volviera a arreglar. Luego miró de reojo a Gabriel.
-¿Y tú?, ¿Cuándo piensas en sentar cabeza?
La pregunta quedó volando por la habitación, con alas transparentes. Mathilde miró a Gabriel fijamente, mientras el rubio sonreía, quitándole importancia.
-No lo sé. Cuando llegue una chica que me robe el corazón, ahí me casaré.
-Pueden pasar años…
-Que pasen…no tengo apuro para esperar…y olvidar…
Antes de que Ithan preguntara algo más, Mathilde cambió el tema de conversación, hablando de lo hermoso que estaba el jardín y de la ceremonia que se avecinaba. Y, a pesar de que Gabriel mostró su mejor sonrisa, no podía acallar el lúgubre llanto de su pecho. Llanto que lo acompañaba desde hace casi dos años, cuando vio a su gemela decir un “Sí” frente a un altar, que lo condenó para siempre.
Cuando la ceremonia finalizó y Amaris con Ithan ya eran legalmente marido y mujer, todos se acercaron a la feliz pareja a felicitarlos. Dêmian se hizo a un lado, permitiendo que Leonor abrazara a Amaris primero. Sus ojos volaron hacia el bosque de álamos, donde estaba la tumba de Isis. Y ahí la vio. Sus negros cabellos, un largo vestido, una sonrisa complaciente. Le decía adiós con la mano, mientras lentamente desaparecía. Orión guió sus ojos hacia donde miraba Dêmian y susurró.
-Mamá…
El hombre sonrió ante las palabras de su hijo y suspiró tranquilo.
-Así es Orión. Mamá por fin se fue a jugar con ángeles…
Y sin decir más, volteó a abrazar a Amaris, mientras Ithan tomaba en sus brazos a Orión, haciendo que el pequeño estallara en infantiles risas.
Todos eran felices. Todos, menos el joven de ojos grises.
FIN
miércoles 29 de julio de 2009
Dos horas después
-Doctor Hopskin, doctor Luthier, presentarse en Unidad de Cuidados Intensivos, doctor Hopskin, doctor Luthier, presentarse a Unidad de Cuidados Intensivos urgente.
La voz que se escuchó por todo el hospital, llenando de incertidumbre todo el lugar. Pero un grupo palideció de inmediato. Gabriel se levantó de la mesa de la cafetería y salió rápidamente, ignorando las preguntas de Amaris y Leonor.
Al rato después, Christo estaba gritando en la recepción, exigiendo cualquier dato que se le pudiese otorgar. Antes de que destrozara el mesón, o llanamente se lanzara contra la recepcionista, apareció Gabriel.
-Christo, cálmate…
El hombre escuchó y paró su enojo de inmediato. Los Luthier presentes se acercaron al rubio y éste negó con la cabeza.
-Nos vino una complicación. A Dêmian lo alcanzó una infección en el traslado. A causa de la operación, sus defensas están sumamente bajas…
-¿Se puede morir?
Gabriel miró a Amaris, que había susurrado aquello y bajó la vista. La rabia interna y la ira lo consumían. Lo había hecho todo. Absolutamente todo, simplemente para que su hermano fuera feliz. Pero ahora era el mismo Destino el que le estaba quitando cualquier posibilidad de continuar. Y no era justo. Su hermano, más que nadie, merecía esa segunda oportunidad.
-No lo sé…estamos haciendo todo lo humanamente posible para que se estabilice…pero todo depende de las ganas de vivir que tenga Dêmian…
-¡Pero él tiene a Orión!, ¡él tiene que vivir!
-Sí…pero a veces el amor a un hijo no es suficiente…también necesita el amor de su familia…y de quien ama…
En esto último, Gabriel miró a Leonor fijamente. Su gemela bajó la vista, comprendiendo a qué se refería Gabriel. No aguantó más y salió de ahí, aguantando las lágrimas.
Una vez afuera del hospital, Leonor sintió que toda esa presión estallaba. Se sentó en una banca y comenzó a llorar desconsoladamente. No podía más. Sabía lo equivocada que estaba, pero su mente se negaba a perdonar a Dêmian, aunque su corazón ya lo había hecho hace mucho. Pero si ahora aguantaba…¿quién le aseguraba que más adelante no llegaría con otro hijo? Y era ese miedo el que la frenaba a correr a los brazos de quien fuese su hermano. Y de perderse en ese mar violáceo. Y de conocer el tiempo en sus brazos.
Pronto sintió como alguien la abrazaba. Se dejó consolar. Nadie, absolutamente nadie podría sacarle ese dolor, esa completa ausencia que tenía en el pecho. Esa sensación de ahogo. Menos ahora, que lo estaba perdiendo.
Cuando las lágrimas dejaron de correr, alzó la vista, para toparse con unos ojos violetas, de dulce y comprensivo mirar.
-Lo amas…
-¿Y de qué sirve, si ahora muere?
-Sabes que tienes la clave para que sobreviva. Sabes que debes ir allá y decirle todo lo que tu pecho está carcomiendo hace meses…
-Pero…
-Leonor. Todos cometemos errores. Todos nos equivocamos. No eres perfecta, jamás lo fuiste. Y eso es lo que él ama de ti. Tu capacidad de equivocarte. Tu manía de querer ser ideal, pero sin lograrlo. Tu necesidad de la constante aprobación. Pero él aceptaba y soportaba…¿sabes por qué?
-No…
-Porque sabía que tarde o temprano crecerías. Y dejarías de ser esa niña perfecta e ideal. Para volverte una mujer errónea, una mujer completa. No la caprichosa y mimada que dejaste escapar por tus celos enfermizos y tu constante inseguridad.
-Él tuvo un hijo…con otra…
-¿Alguna vez le haz preguntado qué significó esa mujer para él?
-No…
-Pues yo sí. Y te diré que jamás la amó. La quiso, sí. Y mucho más de lo que quiso a cualquier mujer en su vida. Pero no la amaba. No podía, porque tu recuerdo seguía carcomiéndole el alma.
-Pero se casó con ella…hasta tuvieron un hijo…querían tener más…
-Porque él se había resignado a tu eterno odio…
-¿Por qué ella?
-Porque fue ella quien lo salvó de la locura. Porque ella le permitió vivir como debió hacerlo desde el principio. Ella sólo le dio esa paz, esa tranquilidad que el amor hacia ti no le podía brindar. Fue su tabla de salvación en el naufragio de su existencia misma.
-Nada perdía con volver…yo lo habría perdonado…
-Pero…¿y él?...¿acaso se ha perdonado todo lo que te dañó?, ¿acaso te ha perdonado lo que tú le hiciste?
-¡Yo solamente quería reiniciar mi vida, como él hizo con la suya!
-Pero no por un bien mayor, simplemente por un capricho. Debes abrir los ojos, Leonor. Debes darte cuenta que, aunque no quieras aceptarlo, Dêmian no es tu hermano. Y que es el hombre que amas. ¿No crees que ya es hora de que se perdonen mutuamente y comiencen a ser felices de una vez por toda?
Leonor calló. Esas palabras tenían más sabiduría que toda la madurez que se jactaba de tener y que no poseía. Ya era tiempo de terminarlo todo. De una vez alzar la cabeza y asumir sus sentimientos.
Se levantó de la banca y secó sus lágrimas. Miró fijamente a la persona que la había ayudado a abrir los ojos y sonrió.
-Tienes razón. Ya basta de infantilismos, basta de caprichos. Dêmian es el hombre que amo y que ahora se está debatiendo entre la vida y la muerte. Debo ir allá. Decirle que no sé vivir sin él. Que quiero estar toda mi vida a su lado y que le prohíbo morir.
-A veces, cuando hemos perdido algo, nos damos cuenta de lo que realmente significaba en nosotros.
-¿Lo dices por Jean Baptiste?
-Sí…tarde me di cuenta que era a quién realmente amé hasta el día de hoy. Pero no me arrepiento. Me quedo en paz con el conocimiento de que él, antes de morir, lo supo…y con Dêmian, mi adoración.
-Gracias Mathilde.
Leonor volteó para dirigirse a la entrada del hospital, pero la voz de Mathilde la hizo detenerse en seco.
-Espero que algún día tú y Gabriel me perdonen por matar a Isis…
Leonor miró a Mathilde por sobre el hombro y sonrió. Giró completamente y fijó sus ojos plata en aquellas aguas violáceas, que tanto le recordaban a su amado Dêmian.
-Ya te perdonamos porque, tal como dijo Christo, fue un accidente. Además, me lo acabas de decir. La gente comete errores. Esa es la esencia del ser humano. La gracia está en aprender de ellos.
Y antes de que la mujer de la banca le contestara, Leonor comenzó una loca carrera al interior del hospital.
Minutos después, Leonor estaba en la habitación de Dêmian, mirando al joven a través de un vidrio. Gabriel observaba una tabla, donde estaba anotada toda la evolución de su hermano. La joven miró a su gemelo.
-¿Me puede escuchar?
-Sí…pero si le vas a decir algo fuera de lugar, te juro que haré que te prohíban la entrada al hospital.
-No…necesito decirle esto…
Gabriel miró a Leonor y frunció el ceño. Pero no dudó. Mas que mal, sabía que en el fondo de su corazón, su gemela amaba a Dêmian…a Dêmian y no a él…
-Está bien…habla cerca de aquél comunicador. Enseguida lo enciendo.
Leonor se acercó a la caja que le indicó Gabriel y el joven rubio apretó un botón. De inmediato una luz verde se prendió y Leonor susurró cerca.
-Dêmian…¿me escuchas?
Por respuesta, el joven al otro lado del vidrio, sobre la cama, abrió los ojos y miró fijamente a Leonor mientras asentía con lentitud. No quedaba nada de su hermoso cabello negro y una palidez inusitada llenaba sus mejillas. Sendas sombras negras marcaban los contornos de sus ojos, pero aún así, un brillo especial lo invadían al ver a Leonor.
-Dêmian…te prohíbo que mueras. Debes vivir. Por Orión…y por mí…
El joven, cuya cabeza lucía vendada, abrió sus ojos sorprendido e intentó incorporarse, sin éxito. Leonor se pegó más al comunicador.
-No, no te levantes. Tienes que descansar. Tienes que estar bien. Te amo. Perdóname. Fui una tonta, una caprichosa. Estaba desesperada por lo de Orión, me sentía traicionada, herida. Pero me doy cuenta que no me importa. Que quiero estar mi vida entera contigo. Que quiero que criemos a ese niño como si fuese nuestro hijo. Y que le demos muchos hermanos. Quiero formar una familia contigo, y envejecer a tu lado. Y que lo último que vea en mi vida sea tu sonrisa, tus ojos, tu ser entero. Porque no sé lo que es la vida sin ti. Porque antes no me importaba que fueras mi hermano. Y ahora menos me importa que yo no sea una Luthier. Lo único que quiero es estar contigo.
Luego de aquel monólogo, Leonor miró intensamente a Dêmian. Gabriel sólo escuchaba, mientras observaba de reojo a su hermano para luego centrarse en la planilla. Y antes de cualquier palabra más, se escuchó por el comunicador.
-Leonor…te amo…
La joven sonrió y comenzó a mandarle mil besos al hombre dentro de la habitación. Mientras, Gabriel se secaba la solitaria lágrima que había caído. Esa historia ya estaba escrita. Y no lo incluía a él.
martes 21 de julio de 2009
El hombre estaba sentado tras el escritorio, revisando detalladamente cada papel, mientras el joven se paseaba por la habitación diciendo un montón de datos casi exactos.
-Se hace una extracción de cráneo en el área del Occipucio, para llegar con mayor facilidad al Área de Broca, evitando rozar lo menos posibles el resto de estructuras cerebrales.
-¿Por qué precisamente ahí?
-Porque es en el Área de Broca donde está el quiste que interfiere en las acciones de Dêmian.
-Es una operación muy peligrosa…
-Lo sé, pero si ve los estudios que le he traído, no es difícil de realizar. Se debe tener buen pulso y saber dónde cortar. Ambas cosas las poseo. Lo ideal es intervenir lo antes posible. Cada año el quiste se va desplazando, adentrándose más en la masa cerebral. Llegará el punto en que será imposible extirparlo y, como consecuencia, sus problemas de irascibilidad serán imposibles de erradicar.
-Tienes todo planeado…¿cuál es el motivo que estés aquí?, no necesitas consejo, como habías dicho.
-No, no lo necesito, doctor Hopskin.
-¿Entonces?
El doctor Hopskin dejó los papeles que le había llevado Gabriel Luthier a un lado. Miró al joven y cruzó sus manos, echándose hacia atrás en la silla. El muchacho, ataviado con una bata blanca, pasó su mano derecha por su pelo y sonrió avergonzado.
-Aún soy estudiante de Medicina. A pesar de poder operar, no se me permite hacerlo sin un doctor titulado como responsable de pabellón. Le he pedido a mis profesores, mostrándole los mismos papeles que usted tiene en su escritorio. Y todos se han negado, por la peligrosidad de la operación. Y tampoco se atreven a hacerla ellos…
-Y vienes acá a pedirme que sea el médico responsable…
-Sé que le estoy pidiendo mucho. Pero realmente quiero salvar a Dêmian. Y si sigo buscando a alguien que quiera hacerlo, mi hermano terminará muriendo. Ahora tiene un hijo por el cual vivir. No quiero que Orión conozca a su padre solo con las palabras que nosotros le podamos decir. Mi hermano ha cambiado, y mucho. Merece una segunda oportunidad. No soy nadie para negársela...y sé que puedo hacerlo. Me tengo confianza. Y Dêmian cree en mí…
-Ya cállate, Gabriel.
El muchacho guardó silencio y miró al doctor Hopskin sorprendido. El hombre sonrió mientras juntaba los papeles de Gabriel. Guardó todo en la carpeta y se levantó.
-Trae a tu hermano. Otros doctores ya me habían advertido que vendrías a pedirme que fuera el médico responsable. Y me tomé la libertad de reservar el pabellón para mañana en la mañana.
-¿En serio?
-Sí…y quédate tranquilo. Aunque me mostraste lo mismo que le enseñaste a los otros doctores, yo cuento con un factor extra, que ellos desconocen.
-¿Cuál?
-El profundo amor que le tienes a tu hermano, a pesar de todos los problemas, años y peleas. Lo amas, aunque no sea tu hermano real. Lo amas y estudiaste Medicina para algún día poder operarlo. Lo amas y por eso eres el único que puede hacer esta operación.
-Doctor Hopskin…
-Ahora ve a buscar a tu hermano. Tenemos que prepararlo para mañana.
Gabriel tomó la carpeta, sonrió y abrazó fuertemente al doctor Hopskin. Luego salió corriendo de la consulta, mientras cantaba alegremente. El doctor Hopskin volvió a sentarse en su escritorio y, tomando un marco de fotos, suspiró aliviado.
-Me alegro que este día por fin haya llegado…
Y acarició el retrato, donde se ven a cinco personas. Un joven de cabello negro y ojos violetas, unos gemelos rubios de ojos grises, una niña de cabello negro y ojos grises y al doctor Hopskin, en medio de todos ellos. Abrazaba a un serio Dêmian, y un risueño Gabriel lo abrazaba a él. Leonor tomaba la mano de Amaris, mientras la pequeña se abrazaba a la pierna del doctor. Al verla, Hopskin volvió a sonreír.
-Mis pequeños Luthier…ha pasado tanto y continúan así. No importa lo que la vida les de, ustedes siempre serán esos hijos que la vida me negó…
Y dejando el retrato sobre el escritorio, siguió revisando carpetas y papeles.
Al otro día, en el tercer piso, un grupo se paseaba mirando constantemente el reloj. Las agujas marcaban las 12.24 de la tarde. Llevaban desde las 9.30 de la mañana en ese pasillo, esperando cualquier cosa. Amaris se paseaba de un lado a otro, mientras Ithan estaba apoyado en la pared, de brazos cruzados. Leonor estaba sentada, mirando la nada. Christo miraba la hora, luego giraba sus manos, sus pasos, gastaba la suela de sus zapatos.
-Tranquilízate…
Christo alzó la vista y miró fijamente a Rufus, que revisaba con tranquilidad unos papeles.
-Claro, como no es tu hijo el que está en pabellón…
-Debes tener más confianza en tu hijo. Más que mal es Gabriel quién lo está operando.
-¿Y si sale algo mal?, ¿y si las cosas no salen como debe ser?
-Aún puedes irte con Dante y Mathilde a la casa. No necesitamos alguien con energías negativas.
-No puedo creer que Mathilde decidiera quedarse en la casa…mas que mal, es su hijo también.
-Pero ella estaría mucho más nerviosa que tú…y alguien tenía que quedarse con Orión. A veces me sorprende el buen juicio y la sensatez de tu hermana, Christo…
-Ya cállate, viejo…
Christo chasqueó enojado y Rufus sonrió satisfecho. Cuando Amaris iba a replicar, apareció un hombre de bata verde, con su rostro cubierto por una mascarilla. Se la sacó lentamente, mostrando su gesto adusto y serio.
Gabriel suspiró y sonrió cansado.
-Ya terminamos…salió todo bien. Ahora tenemos que esperar a ver qué tal evoluciona.
-¿Le extirparon el quiste?
-Sí…ya estaba evolucionando como un tumor, pero se lo sacamos todo. En unos momentos pasará a Cuidados Intensivos. No pueden acercarse, estará en una habitación aislada. Necesitamos…
-¿Cuándo podemos verlo?
-Dentro de un rato, Amaris. Pero de lejos. Solo será por hoy.
Y sin decir más, Gabriel se retiró. Todos sonrieron, se abrazaron, los suspiros de alivio se hicieron sentir. Christo llamó a Mathilde con su celular y sonreía mientras le contaba a su hermana el resultado de Dêmian. Y se escuchaba reír a la mujer del otro lado de la línea…quién pensaría que las cosas empeorarían tanto…
miércoles 3 de junio de 2009
La noche ocultó, cómplice, los pasos que hundían levemente la hierba bajo unos pies desnudos. Una suave llovizna caía, como si fuese polvillo de agua, que engalanaba las telarañas y los largos cabellos. Una que otra ave nocturna graznaba, rajando el silencio del lugar por momentos. A lo lejos, una sombra. Y los albinos pies se acercaron presurosos. Parecía que volaban, no que corrían.
Dêmian estaba agachado, vestido con una gabardina negra y un chaleco de cuello alto, negro también, contemplando fijamente el trozo de piedra enclavada en el suelo. Una rosa roja sangre estaba tapando las letras de esa piedra.
-Todo sería más fácil si estuvieses aquí. Anda, aparece. Dime que todo fue un mal sueño y que estás a mi lado…y que Leonor no se casa mañana. Antonella, por favor…
Los pasos se detuvieron en el acto. Observó los pies y luego su cuerpo, para terminar mirando fijamente sus manos.
Antonella se dio cuenta que era de una sustancia etérea y que llevaba un largo vestido blanco. Volvió a mirar la piedra y una fría brisa movió la rosa. La inscripción la heló y enmudeció.
Antonella Luthier
28 de julio de 1988 – 31 de octubre de 2008
Querida hija, esposa y madre
Madre. Lo recordó. Volvió a ver a Dêmian diciéndole que había sido un niño. Vio al pequeño y luego miró a Dêmian. Quería expresarle lo feliz que se sentía, lo plena que estaba. Pero no tenía fuerzas. Sólo pudo sonreír y ya no recordaba más.
Miró la fecha de su muerte. No sabía porqué pero tenía la certeza que era hace 7 meses atrás, por lo tanto Orión debería tener esa edad.
-Dêmian, tenemos que irnos.
Volteó y sus ojos se posaron en una joven de negra cabellera y que portaba un bulto debidamente arropado. La observó y una gran sorpresa llenó su ser entero. Ojos grises, de un plata brillante. ¿Acaso ella sería la famosa Leonor de Dêmian?
-Ya voy, Amaris…
Dêmian se levantó con lentitud. Sacó sus manos de los bolsillos de la gabardina y Antonella vio que llevaba unos guantes de cuero negro. Lanzó un beso a la piedra y se acercó a Amaris. Tendió las manos para recibir el bulto, pero la joven negó con la cabeza.
-No te preocupes, yo lo llevaré a casa.
-Aún no entiendo porqué. Le demostré a Leonor lo que la amaba. Que Antonella fue mi salvación, mi mejor amiga, pero que jamás la reemplazó en mi corazón…y ahora se casa. ¿Por qué me hace eso?
-Porque Leonor no comprende tu amor, hermano…ella no entiende tu manera de amar.
-Si es por eso…nadie la entiende…
Dêmian dio un suspiro ahogado y sacó unos cigarrillos. Se alejó un poco de Amaris y prendió uno. La neblina de nicotina lo ocultó por unos segundos, y nubló su vista. Logró visualizar la silueta que estaba cerca de la piedra y sus ojos se abrieron sorprendidos.
-Antonella…
Trató de ir con ella, pero el brazo de Amaris lo aprisionó.
-Vamos hermano. Comenzará a llover y Orión no debe estar expuesto al frío.
-Si…sí..tienes razón…
Dêmian miró por última vez al lugar donde estaba antes la silueta, para ya no ver nada. Dio una calada a su cigarrillo y comenzó a caminar tras Amaris, que ya llegaba al automóvil dispuesto en la salida del cementerio.
En la noche, Amaris estaba en la cama, sentada, pensando. Sus ojos se mostraban infinitos, mientras una melodía se escuchaba en la lejanía. Amaris simplemente apoyaba sus brazos en sus piernas y juntaba las manos, a mirar el infinito. No entendía. Realmente no comprendía la locura en que su hermana mayor estaba metida. Eso de no perdonar a Dêmian por haber tenido un hijo…y casarse porque él estaba casado…vamos, eran berrinches de niña caprichosa. ¿Dónde estaba esa mujer madura, que prácticamente se había transformado en la madre de todos ellos?
Un golpe en la puerta hizo que Amaris mirara de reojo por unos segundos su puerta, para luego volver a centrar sus ojos en el gigantesco espejo que cubría toda una pared y donde estaba reflejada su silueta pensativa.
-Amaris…¿puedo pasar?
-Pasa.
Gabriel entró en silencio y cerró la puerta tras él con suavidad. Miró a su hermana durante unos minutos, para luego sonreír y negar con la cabeza. Se sentó a su lado y tomó su misma actitud meditativa.
-¿Piensas en Dêmian?
-No…en Leonor. No la entiendo.
-La paternidad de Dêmian ha sido muy difícil para ella…
-No la justifiques, Gabriel. Se está casando porque es una caprichosa. Una niña mimada. ¿Dónde está nuestra hermana sensata y madura?, la que pensaba las cosas, la que nos aclaraba todo y nos guiaba a tomar las mejores decisiones.
-Se nos perdió…
-A nosotros no. Ella la dejó escapar. ¿Por qué no acepta de una vez que está enamorada de Dêmian? Se condenará a vivir amarrada a un hombre que no la ama.
-Phillipe siempre ha estado pendiente de ella y la quiere mucho…
-No la ama, y bien lo sabes. Por eso Dêmian y tú le hicieron la vida imposible antes de que él se fuera. Porque sabían que Phillipe McGraw solo quiere entrar a la familia de los Luthier. Tener acceso a sus bienes, a las empresas, a todo lo que conlleva estar en nuestra familia.
-Lo sé, lo sé…no necesitas repetírmelo…
-¿Y aún así dejarás que Leonor se case con ese arribista?
-Ella lo decidió. Sabe perfectamente que quiere McGraw con su matrimonio…pero es una testaruda. Se parece a ti.
-¡Oye!
-No niegues la verdad…
Amaris sonrió y miró a Gabriel. El joven había vuelto a sonreír. Sus ojos se iluminaban al mirar a Orión. Su sobrino se había vuelto su razón de existir. Su alegría, sus ganas de surgir. Gabriel, poco a poco estaba volviendo a ser el loco risueño de esa familia. La pesadilla que vivieron por un año se estaba disipando lentamente.
-Bien, me iré a dormir…
-Descansa.
-¿Y tú?
-Iré a tomarme unas cervezas con los muchachos de
-Mañana se casa nuestra hermana y tú te vas de parranda la noche antes.
Gabriel sonríe y se levanta. Viste una polera negra con un estampado, unos jeans gastados azules y una chaqueta de jeans, tambien gastada y deshilachada. Besa a Amaris en la frente y sonríe.
-Nos vemos mañana en el matricidio de Leonor.
-Llega un poco antes de las 11. Para que duermas y luego te arregles.
-No te preocupes, llegaré hoy. Solo serán unas cervezas.
Y sale del cuarto de Amaris, silbando alegremente, mientras Amaris se acuesta en la cama.
A las tres y un cuarto de la mañana, Gabriel entra a la mansión en silencio. Sonríe divertido al dejar las llaves en una chaqueta de cuero negra que no es la de él.
-Cuando Marck se de cuenta…me matará…
Ahoga una risa y camina en silencio. Se apoya en la pared mientras busca a tientas la escalera. Distingue una silueta con un vestido largo blanco y niega con la cabeza.
-No deberías estar despierta…
-Corre donde Amaris…
Gabriel se detuvo en seco. La silueta le hablaba y no era la voz de ninguna de sus hermanas y tampoco de Mathilde o de alguien del servicio. Se acercó más y pudo ver un largo cabello negro mecido por una brisa helada que ahora se paseaba por la escalera. Gabriel miró la parte alta de la escalera y a lo lejos vio en la mano de aquella aparición, un anillo dorado.
-¿Antonella?
-Ve donde Amaris…corre…te necesita.
Gabriel sintió un hielo y luego miró los acuosos y transparentes ojos de Antonella. Y lo supo. Subió los escalones corriendo y se dirigió al cuarto de Amaris. Entró deprisa y notó que su hermana no estaba en la cama. Comenzó a buscarla por el cuarto, hasta que vio luz bajo la puerta del baño. Se dirigía hacia allá cuando sus ojos se posaron en unas grandes manchas de sangre que marcaban las sábanas azul cielo de su hermana. Golpeó la puerta del baño.
-Amaris, abre…soy Gabriel…
-¡Vete!, ¡déjame sola!
-¡Amaris!, ¡¡abre ya!!
-¡NO!
-¡¡ABRE O ECHO
Un silencio sepulcral se oyó. Y cuando Gabriel se estaba preparando para botar la puerta, escuchó el seguro siendo corrido. Entró y encontró a Amaris en un rincón, de pie. Vestía una bata de baño corta y su cabello negro estaba mojado, pegado a los lados de su cara. Gabriel se acercó e hizo que su hermana alzara el rostro. Vio uno de sus labios hinchados en un lado y unas extrañas y negruzcas marcas en el cuello. Gabriel comprendió enseguida, pero no quiso creerlo.
-Amaris…¿Qué pasó?
-Nada…
-Dime…porque lo que estoy imaginando no es bueno.
-Yo…bueno…él…yo no quería…
-¿Quién fue?
-McGraw…
Un llanto se escuchó y los dos hermanos miraron a la entrada del baño. Dêmian tenía al pequeño Orión en brazos y el niño había llorado al extender sus manos hacia Amaris y Gabriel y que ninguno lo haya tomado en cuenta.
Amaris dio un paso hacia Dêmian, pero el hombre se adelantó y dejó a Orion en los brazos de su hermana.
-Gabriel, vamos.
-¡Dêmian!, ¡no!, ¡será el esposo de Leonor!
-A veces tu bondad raya en la estupidez, Amaris…después de esto, ese hombre no pisa esta casa…y si Leonor insiste, se puede ir con él.
-Dêmian…
-Nadie toca a mi hermana. Gabriel, vamos.
-Dêmian…no lo mates…
-Cariño…por eso le digo a Gabriel que venga conmigo.
Gabriel sale del cuarto y Dêmian lo sigue. Amaris se encierra en su habitación mientras escucha los pasos retumbando por las paredes. Orión no deja de quejarse y Amaris no sabe como calmarlo, siendo que ella misma quiere llorar.
Una silueta aparece en la puerta del baño y Orión inmediatamente se calla. Amaris mira y vuelve a ver a la mujer de blanco de largos cabellos que la ayudó para que McGraw se fuese rápido y ella pudiera esconderse en el baño.
-¿Eres un fantasma?
-Eso creo…
-¿Por qué no te vas al paraíso, a descansar?
-Porque tengo algo que hacer acá…
-¿Y ayudarme está incluido en eso?
-Dêmian te adora. Jamás dejaba de hablar de ti. Sé que él también querría que te cuidara…
-¿Antonella?
La silueta asintió y se acercó un poco más. Amaris vio su propio aliento con vaho, pero solo atinó a abrazar a Orión contra ella y cubrirlo más con una manta. Antonella no se acercaba, simplemente caminó al otro extremo del cuarto. Miró a Amaris.
-Me acercaría…pero como estás, te congelarías a los segundos…
-¿Vienes porque Dêmian te lo pidió?
-Vengo porque no descansaré hasta que mi Dêmian vuelva a sonreír.
-¿Lo amabas?
-Lo quería con mi vida…pero lo nuestro no era amor.
Antonella sonrió y Amaris observó los bellos dientes perlados que se asomaban en esa sonrisa de labios rojos transparentes. Cuando los gritos estallaron, Orión se sobresaltó y Antonella fue hacia la puerta. Miró a Amaris.
-Vete al rincón de allá…él vendrá y si te encuentra cerca de la puerta, no verás de nuevo al sol.
Amaris se levantó corriendo y se escondió en un rincón de su cuarto, tapada en parte por un velador. Antonella se colocó detrás de una de las puertas y miró a Amaris. Se colocó un dedo en los labios y la joven Luthier asintió. En ese momento, las puertas se abrieron de par en par y entró Phillipe McGraw. Miraba enfurecido con sus ojos negros y su cabello color paja estaba peinado hacia atrás. Su tez trigueña contrastaba fuertemente con la palidez de Antonella, que poco a poco se iba desvaneciendo.
-¡¡¿Dónde estás, maldita mentirosa?!!
-¡No llames así a mi hermana!
Gabriel apareció por atrás y lo empujó. Phillipe miró a Gabriel y se cruzó de brazos. Observó detenidamente a su alrededor y de pronto sus ojos se posaron en las manchas de sangre de la cama. Las miró fijamente y por ese motivo pudo descubrir el escondite de Amaris y Orión.
-Te encontré, arpía…
Salió corriendo sobre la cama y dispuesto a lanzarse sobre la menor de los Luthier. Pero un silencioso Dêmian terminó apuntando a su frente con una pistola automática.
-Dejame pasar…Amaris debe aprender a no decir mentiras…
-¿Qué pasó acá?
-¿No les había enseñado su padre que las preguntas sobraban? Hay mujeres para casarse y otras para tener de amantes, ¿o no, Dêmian? Pues yo encontré a las dos en la misma casa.
-Violaste a Amaris…
-Yo no lo llamaría así. Simplemente ella se resistió un poco, para luego entregarse tranquilamente. Eso no es violación.
Dêmian estaba muy tentado a apretar el gatillo. Pero veía a Amaris, que temblaba abrazada a Orión. Y pronto su hermano Gabriel se colocó tras McGraw, portando la daga de plata del abuelo.
-Cometiste un gran error, McGraw…
Dêmian bajó el arma y disparó. La bala se incrustó en la rodilla izquierda de Phillipe y el hombre cayó al suelo, aullando de dolor. Gabriel se acercó a él y cruzó su cara con la daga, dejando una profunda herida, que partía de la frente y terminaba en el mentón. Los gritos de Phillipe McGraw rebotaban en las paredes, extendiéndolos por toda la mansión. Como resultado, Christo, Mathilde, Rufus, Dante y Leonor llegaron a la entrada del cuarto de Amaris. La escena era terrorífica. Gabriel tenía las manos manchadas de sangre, mientras de su daga goteaba el líquido carmesí. Dêmian estaba frente a Phillipe, con su arma de fuego, mirándolo de forma fría. Y Amaris con Orión estaban ocultos en un rincón, detrás de Dêmian.
Leonor quiso entrar pero Dêmian le apuntó con su arma.
-Que nadie entre…llamen a la policía. Nadie pasará a este cuarto ni tampoco nadie saldrá de él.
-¿Qué le están haciendo a Phillipe?
-Ahora nada…antes estábamos cobrándonos.
-¡Ya déjenlo en paz!
-No tientes tu suerte, Leonor…mucho te amaré, pero como hermano te prohíbo que entres a este cuarto y que defiendas a este tipo, que se atrevió a forzar a Amaris.
Fue una fortuna que Christo haya ido a llamar a la policía. Rufus tembló de ira mientras miraba a Phillipe y Dante con Mathilde acariciaban su espalda, tratando de calmarlo. Dêmian miró a Leonor y frunció el ceño.
-Si vas a casarte por tus caprichos, por lo menos que no sea un patán.
Y volvió su vista a Phillipe, que ya ni se quejaba. Gabriel revisaba cada tanto su pulso y Amaris abrazaba fuertemente a Orión, mientras miraba a Leonor que estaba en la puerta y al espacio donde había estado Antonella antes.
-Dêmian…¿los fantasmas existen?
-Sí Amaris…existen.
domingo 31 de mayo de 2009
Dêmian dormía tranquilamente. El pausado subir y bajar de su pecho era seguido por el único ocupante de aquella habitación, aparte de él. Los ojos plata volaban lentamente entre el pecho de Dêmian y su rostro.
Ninguna palabra decía Gabriel. Estaba sumido en sus pensamientos, intentando encontrar respuestas a todo lo acontecido. Pero el misterio que era su hermano le impedía descubrir algo más. La policía había interrogado a Dêmian hace unas horas, a solas. Y luego de eso, su hermano se había sumido en un profundo sueño, como si llevara días sin dormir.
-¿Y Orión?
La voz oscura hizo sobresaltarse a Gabriel y lo interrumpió de sus pensamientos. Miró el rostro amoratado de su hermano y le sonrió.
-Está en el cuarto de al lado. Sus heridas sanan satisfactoriamente, pero lo tienen en observación por una enfermedad que le detectaron.
-¿Qué enfermedad?
-Nada grave. Una falla en su sistema inmunológico. Hereditaria. Al parecer, tú también la tuviste al nacer, así que Christo le entregó los papeles para que lo sanaran más rápido.
-Genial…
-Vino el abogado cuando dormías. Dijo que la investigación continuaría, pero que la defensa propia se aplicaba bien. Además, apareció un sexto integrante de este grupo. Contó que sus compañeros intentaron matarte a ti y a Orión. Él no participó, por eso no sufrió heridas. Declaró hoy en la mañana. Y fue quien evitó que las familias de los otros vinieran a asesinarte.
-¿Un hombre contra una horda?
-Dijo una frase que los calmó. Aquí, en las afueras del hospital.
-¿Qué dijo?
-Que salvabas a tu hijo. Que qué esperaban que hicieras.
-Ya veo…
-Fue él quien te trajo a ti y a Orión.
-Le debo la vida de mi hijo. Lo recompensaré apenas pueda…¿y Amaris? No la he visto.
-Ayer salió huyendo. Como despertaste gritando por Orión, Leonor pensó que enloqueciste y lo comentó. Amaris escuchó y salió corriendo. La buscamos pero no la encontramos, hasta hoy en la madrugada. Ithan me llamó para avisarme que ella dormía en su casa. Leonor fue a buscarla ahora.
-¿Y Mathilde?
-Te vino a ver mientras dormías. Estaba muy alterada en un principio porque del hospital la llamaron y le dijeron que estabas acá y que tenía que venir a la morgue, pero a ver si conocía a los tipos que mataste. Ella no escuchó la otra parte y casi enloqueció.
-¿Mathilde?
-Entiéndela un poco. Eres su único hijo y lleva llorando tu ausencia un año. Si no es por el abuelo Rufus o por Dante, hubiese muerto de inanición.
-¿Pero cómo está ahora?
-Ya está bien. Quedó muy tranquila al verte. Y estaba muy feliz con Orión. Ahora fue con el abuelo Rufus a comprarle ropa y esas cosas.
-¿Y Dante?
-Está con Christo. Aún está shockeado por saber que es abuelo.
-¿Feliz día de los Inocentes?
El rostro de Dêmian tomó ese aire cómplice que sólo tenía con Gabriel, cuando hacían bromas. El rubio sonrió para luego mirar fijamente a su hermano mayor.
-Dêmian…
-¿Sí?
-¿Y la madre de Orión?
El hombre en la cama palideció, resaltando aún más sus cardenales. Su rostro tomó un aire de tristeza, nunca antes visto por Gabriel, ni bajo las peores circunstancias.
-A Antonella la conocí donde trabajo. Nos hicimos buenos amigos y constantemente íbamos a tomar unas cervezas a la hora de salida. Ella sabía mi historia, yo la de ella. Un día llegó al trabajo llorando y toda marcada. Su novio le había golpeado. Después de salir del despacho, fuimos a su casa a buscar sus cosas y se instaló en mi casa. Compramos unas cervezas y estuvimos bebiendo casi sin parar. Una cosa llevó a la otra, y terminamos acostándonos. Al otro día fue su novio al trabajo. Recordé las peleas contigo. Y ahí dije que ella era mi novia.
-¿La querías?
-Sí, y mucho. Pero como amiga. Ella sabía lo que yo sentía por Leonor. Después de esa noche, nunca más tuvimos relaciones pero seguíamos viviendo juntos. Al mes supo que estaba embarazada. Me pidió perdón, llorando, pero yo la tranquilicé. Le expliqué toda la felicidad que me estaba entregando con ese hijo, pero ella me rebatió, argumentando que podía ser de su ex. Su testarudez me recordaba mucho a Amaris.
-¿Y es de él?
-Cuando nació comprobé que no, que era mío. Pero me daba igual. Ese hijo era mío, con o sin mi sangre. Vivimos momentos muy felices con Antonella. Pensábamos en nombres, en que si era niña, en el colegio…Antonella solo tenía a su madre, que estaba feliz de que su hija reiniciara su vida con alguien como yo.
-Cualquiera sería feliz si su hija está con un Luthier.
-Ella no sabía quién era yo. Antonella lo supo después, cuando le pedí que se casara conmigo.
-¿Te ibas a casar con ella?
-Corrección, me casé con ella.
-¿Y Leonor?
-No he dejado de amarla, si esa es tu pregunta. Pero Antonella fue como un bálsamo. Con el tiempo, su dulzura comenzó a sanar mis heridas. Cuando la bestia dentro de mí comenzaba a salir, bastaba que Antonella dijese unas palabras para que yo me calmara. Ahogó cada uno de mis gritos nocturnos, cuando las pesadillas me torturaban, con el roce de su piel.
-Entonces estás felizmente casado.
-Escucha toda la historia, hermano…
-Perdón…
-Antonella y yo éramos felices. Su madre vivía con nosotros para cuidarla mientras yo trabajaba. Todo el tiempo los recordaba a ustedes, pero estaba formando mi familia sin las mentiras y engaños. La madre de Antonella no me quiso tanto al saber que era un Luthier. No confiaba en nuestra familia, con toda razón. Pero luego me creyó, cuando supo que yo había huido. Con Antonella planeábamos comprar una casa, posiblemente tener más hijos. Era dichoso.
-¿Qué pasó luego?
-Antonella comenzó con trabajo de parto. Con su madre corrimos al hospital. Finalmente, al anochecer, nació Orión. Podría haber sido el momento más feliz y pleno de mi vida.
-¿Y por qué no lo fue?
-Antonella, a los minutos de nacer Orión, murió. Sólo alcanzó a mirar a Orión una vez y dedicó su última sonrisa para mí. Murió frente a mis ojos.
Gabriel guardó silencio. Saber que su hermano había vivido tanto en ese año lo había colapsado. Se sentía mal, al ser tan egoísta, al solo centrarse en s dolor, sin imaginar que los demás también estaban ahogados en pesadillas. La voz oscura de Dêmian volvió a interrumpirlo.
-Mi suegra y yo fuimos los únicos en el funeral de Antonella. Al mes después murió mi suegra. Su corazón no resistió el dolor de perder a su única hija y sufrió un ataque al corazón fulminante. Orión y yo fuimos los únicos en el funeral. Y así, de tener una familia feliz, en un mes perdí casi todo, excepto a Orión. Y por ayer Orión despertó mal y lo traía al hospital cuando pasó lo que ya sabes.
-¿Y tu trabajo?, ¿Cómo lo hiciste con Orión?
-El primer mes lo cuidó mi suegra hasta su muerte. Luego los abogados entendieron mi situación y me dejaban que fuera con Orión. Mary, la chica que trabajaba en el puesto que era de Antonella, me ayudaba a cuidarlo.
Gabriel miró a su hermano. Su vida había dado un vuelco de 180º. Ya no tenía ese aire de arrogancia y superioridad. A cambio, la tristeza y una desconocida ternura, iluminaba su faz. Sus ojos se camuflaban con los hematomas y cortes que adornaban su rostro, dándole un aspecto tétrico. Pero la sonrisa nublada que emergía misteriosa en sus labios, terminaba de extasiar tan discorde mapa de sentimientos.
En ese momento entró Amaris corriendo y se lanzó a los brazos de Dêmian, que reprimió un gemido de dolor y sonrió con dulzura, al escuchar los sollozos de Amaris.
-Perdóname…quiero protegerte y siempre termino haciéndote más daño…
-Dêmian, nunca me vuelvas a dejar…
-Amaris, yo…
-¡Júralo!
-Te lo juro, no volveré a dejarte sola.
Amaris se escondió en el pecho de su hermano, mientras él la abrazaba dulcemente. Los ojos de Dêmian se posaron en los de Leonor. La joven observaba fijamente la mano izquierda del hombre, donde brillaba una argolla dorada en el dedo anular. Dêmian imitó el gesto y vio las desnudas y blancas manos de su hermana. Ni siquiera tenía el anillo de compromiso que le había dado Phillipe, por lo tanto no se había casado y había roto con él. Y algo explotó de euforia en el pecho de Dêmian.
-Leonor…
-Nos alegramos que tú y tu hijo ya estén bien, hermano.
Dêmian palideció. El tono con que Leonor lo había llamado “hermano” le indicó que aún no tenía el perdón de la mujer que amaba. Y cuando iba a decir algo, entró un hombre. Era calvo y de gestos duros. Sus ojos negros, penetrantes, miraron a todos y al ver que Gabriel iba a reclamar su intromisión, mostró una placa policial.
-Teniente Hotson. Lamento interrumpir esta reunión familiar, pero hemos interrogado al sexto integrante del grupo y obtuvimos datos nuevos. Señor Dêmian Luthier, ¿conoce a un hombre llamado Erick Boster?
-Sí…era el ex novio de Antonella…
-¿Antonella?, ¿Antonella Luthier, su esposa?
-Sí…
-¿Dónde podemos encontrarla?, necesito interrogarla.
-Ella murió hace dos meses, al dar a luz a nuestro hijo.
-Mmm…muerta…bien, ahora todo cobra sentido. El señor Boster le pagó a este grupo para que matara al señor Luthier. Mencionó algo de una mujer, pero ahora comprendemos. Bien, es todo. Y mi pésame por su esposa muerta.
El teniente salió, dejando a los hermanos solos. De inmediato Gabriel miró a Dêmian. El joven estaba callado, observando la puerta, por la que salió el teniente, de manera gélida y oscura. El rubio entendió. El policía había abordado el tema de Antonella de manera fría y cruel, sin una pizca de sentimiento. Y recordó las hermosas palabras que su hermano le dedicaba a esa mujer, la forma en que se expresaba de ella, de todo lo que significó para él. Y también sintió esa rabia que le bullía en su interior.
Ambos hombres Luthier estaban a punto de perder los cabales, a dejarse llevar por las más bajas, instintivas y asesinas pasiones, cuando las notas de una clara voz les llegó a los oídos, que suavizó sus almas como agua de un fresco manantial.
-¿Orión es tu hijo?
Dêmian miró a Amaris, que le había preguntado eso, y le sonrió en una perfecta mezcla de ternura y orgullo.
-Así es. Tiene dos meses y algo. Está en la habitación de al lado, por si quieres verlo. Pero aún no lo puedes tocar…
-Sí, la enfermedad inmunológica. Leonor me contó.
La mención de su hermana hizo que Dêmian volteara a verla de nuevo. Los plata lo miraban enrabiados, recriminadores, con odio puro. Y Dêmian quiso explicar, pero Gabriel le cortó.
-Llevaré a Amaris para que conozca a Orión y luego iremos a la cafetería. Leonor se quedará cuidándote ahora.
Y antes de que cualquiera dijese algo, Gabriel salió, llevándose a Amaris. La joven, una vez que cerraron la puerta de la habitación, se colocó frente a su hermano mayor y lo enfrentó.
-¡¿Cómo se te ocurre dejarlos solos?!
-Dêmian ha cambiado…
-¡Pero ahora está con Leonor!, ¡ella saca lo peor de él!
-Dêmian aún recuerda a Antonella, la madre de Orión. Y no creo que pueda olvidarse tan rápido de ella, de la mujer que lo salvó de la locura y la que le dejó un regalo tan grande como su hijo.
-Pero él ama a Leonor…
-Sí…pero ella aún no lo perdona. Y lo sigue viendo como su hermano. Ellos tienen que hablar.
-Si tú lo dices…
-Confía en mí.
Mientras Gabriel y Amaris desaparecían por las escaleras, Leonor miraba fijamente a Dêmian. Quería preguntarle tantas cosas. Quería calmar ese hielo que comprimía su pecho, ese vacío en el estómago, esa sensación de vértigo…pero la ira, esas llamas que abrasaban sus ojos y quemaba su mente, el aliento ardiente y ese dolor donde mordía su labio se lo impedían.
-Leonor…
-¿La amabas?
-No. Orión es el resultado de una noche de copas, de pasión desenfrenada, de la desesperada búsqueda de amor y comprensión, la que no encontrábamos en los seres amados. Pero sí la quería. Y el regalo a ese cariño, el obsequio que me dejó la única amiga que he tenido en mi vida fue Orión.
-Pensé que yo era tu amiga…
-Tal vez me veías como un amigo, lo cual me duele mucho…pero para mí es imposible ver como amiga a la mujer que amo. Ni siquiera te veía como hermana, aunque en ese momento lo fuésemos. Simplemente eras la mujer de la que me enamoré, de la única que lo haré.
-¿Ella sabía todo eso?
-Claro que sí. Cuando empecé a armar mi familia con ella, me juré que no tendría los secretos que arruinaron nuestras vidas. Quise olvidarme que las preguntas sobraban, pero no podía. Entre la costumbre y el fastidio por la curiosidad de Antonella, me costaba mucho no guardar silencio. Pero lo logré. Con esfuerzo, con mucha paciencia, con la capacidad de olvidar todo lo que alguna vez Christo y Mathilde me enseñaron.
-Te casaste con ella…
-Lo hice. Pero no fue amor. Fue mi intento fallido de huida, de arrancarme de todo, de escapar de mi propio destino. No pude. Es como querer sacarme la piel para tratar de borrarte de mi realidad, del recuerdo etéreo que eras cada mañana, de escapar definitivamente de ti…más fácil es nacer de nuevo. Y si así pasara, me volvería a enamorar de la misma mujer…de mi hermosa Leonor…
-Somos hermanos…
-Lo sé. Y así te trataré si tú no puedes volver a mirarme como antes.
Leonor calló. Las palabras se le agolpaban en la lengua y los dientes, pero se aferraban a sus labios, en un acto de completa cobardía, dando como resultado ese silencio fantasmal, vaporoso. Suspiró y cerró los ojos, porque si volvía a ahogarse en esas mareas violetas, se arrepentiría de absolutamente todo lo que su hermano escucharía.
-Eres mi hermano…y eso jamás cambiará. Ahora tienes un hijo y es en él en quien debes concentrar todas tus energías.
-Tú lo haz decidido así, hermosa Leonor.
Sonrió. La sonrisa más triste y resignada que alguna vez adornó el rostro del mayor de los Luthier. Leonor vio esta sonrisa y no soportó más. Salió llorando de la habitación y dejó a su hermano completamente solo.
-Antonella…solo a ti te pude querer. Mi vida será Orión, aquel hermoso regalo que me dejaste. Honrar tu memoria y la de este amor hacia Leonor, que ella ha decidido asesinar será mi norte desde ahora. Te equivocaste, mi tierna Antonella. Los Luthier nunca…qué digo nunca…JAMÁS conocen el perdón.
Y suspiró, cerrando los ojos, para luego hundirse en dulces sueños de ojos plata, cabellos rubios y risas infantiles.
viernes 29 de mayo de 2009
Un hijo...tuvo un hijo...podría no ser de él, podría ser un vano intento por hacer algo por esta sociedad. Pero no. Esos ojos son Luthier. Y esa enfermedad es la misma que lo afectó a él.
¿Y ahora? Nosotros lo condenamos, yo lo condené a una miseria que definitivamente no se merecía. Pero condenar a ese niño…¿marcarlo para siempre con nuestros errores?, ¿ahogarlo en la más mísera realidad, hundirlo en el infierno mismo? No escogió ser un Luthier…ninguno de nosotros lo eligió. Y aquí estamos. Y aquí está él.
¿Y el amor a Leonor? Ahora que puede concretarlo…¿Dónde está? Se esfumó, se hizo agua entre los dedos, se disolvió como el hielo. Y la sentencia final es ese hijo.
¿Qué hacer?, ¿recibirlo de nuevo, ayudarlo? No merece mi perdón…pero yo tampoco merezco el de él.
Ser padre…ahora entenderá muchas cosas que hice. Pero…¿yo?, ¿entenderé algún día las cosas que él hizo?
No soy nadie para condenarlo, como él no es nadie para condenarme…vamos a intentar ser padre, el que nunca fui con él…






